by Al Bredenberg

Paramos allí en la orilla del río, yo y la vaca, Grateful. Confundido, yo estaba mirando en alrededor, buscando el lugar de dar a beber la vaca sedienta, pero no pude ver el lugar. El problema: ¡El río estaba cubierto por una capa gruesa del hielo!

De repente, la vaca empezó a actuar nerviosa y de abordar al río. “¡No, Grateful!” dije a ella, pero ella no prestó atención, y ¡comenzó a pisar al río congelado! Con un creciendo sentido de pánico, yo pisé también al hielo para tratar de desviarla de la peligrosa situación. “¡Ay-ay-ay!” pensé. “¿Qué va pasar si se quebranta el hielo?”

Traté de empujar la vaca hacía la orilla, pero una vaca es un animal bien grande, y ella no se desvió, y lo que era más, comenzó a caminar adelante en el hielo.

“¡Grateful, párate!” grité, y en ese momento ¡la vaca empezó a correr! En un pánico total, empecé a perseguirla, gritando.

Pero, ¿cómo llegué a estar en esa situación, corriendo atrás de una vaca grande por un río congelado en el invierno? Voy a explicar, y también voy a recordar una lección que aprendí acerca de las capacidades de los animales.

A la edad de 24 años, me mudé al estado de Vermont, Estados Unidos, para vivir con unos amigos en su granja en el campo al lado de un río hermoso. Durante los días, ayudaba a ellos en su negocio de ebanista. Muy de mañana y por la noche, cuidamos a los quehaceres, incluso alimentar y ordeñar la vaca Grateful, que nos proveyó con mucha leche rica.

Grateful era una vaca de mayor edad que mis amigos han adquirido de un lechero del área. Ella recibió su nombre “Grateful” (inglés, “agradecida”) porque ella tenía solamente tres tetas y por eso proveyera menos leche. Pero a pesar de eso, ¡no la han matado por carne!

Desafortunadamente, el agua de la casa dejó de funcionar durante el invierno por causa del frío intenso. Pues decidimos de dar a beber a la vaca en el río a unos ciento metros de distancia del establo. Dejamos una hacha en la orilla para excavar un hoyo en el hielo cada noche para exponer el agua por la vaca sedienta.

Pero, durante unas semanas, yo acepté la asignación de cuidar a la vaca durante la mañana, y otra persona la daba a beber en las noches.

La noche en que ocurrió el incidente que mencioné anteriormente, todos mis compañeros estaban trabajando tarde, pues se cayó a mí de cuidar a Grateful.

Pero, cuando llegamos al río, descubrí que mis compañeros habían movido el lugar para dar a beber. Yo busqué todo alrededor, pero no pude ver el hoyo en el hielo ni el hacha para cortar el hielo.

Entonces, ¡esta vaca loca estaba caminando en el hielo, determinada para seguir adelante, sin prestar atención al ser humano persiguiéndola, gritando!

Bueno, con gran temor, continué corriendo atrás de Grateful por uno o dos minutos, impotente de hacer nada, esperando que el hielo grueso pudiera sostener la vaca pesada.

Pero sorprendentemente, después de unos minutos, Grateful empezó a minorarse, y entonces ella regresó a la orilla en una manera muy calma, y me esperó. ¡Aparentemente, después de todo, no estuviéramos pasando por una estampida!

Resollando, calmándome, yo miré alrededor, y en ese lugar más adelante al lado del río, vi varios montones de estiércol de vaca, un hoyo en el río, y el hacha apoyándose en un árbol.

En ese momento comprendí de que durante las semanas pasadas, mis compañeros, sin informarme, habían cambiado el lugar por dar a beber la vaca. Este lugar estaba más adelante en la orilla. Pero, llegué a entender que la vaca recordó perfectamente el lugar correcto y simplemente había tratado de llegar allí a pesar de la tontedad de su ayudante humano.

Yo grabé el hacha, y comencé a cortar la capa fina de hielo en el hoyo para permitir de beber la pobrecita vaca sedienta.

Pero, al la misma vez, ocurrió a mí una realización y lección: ¡Muchas veces, los animales son más inteligentes que pensamos!

AB — 18 enero 2011

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